La situación de esta ciudad en el 32 no es tan idílica como podamos creer. La miseria de la gente es palpable por la forma de vestir de la mayoría de los ciudadanos. Gente trabajadora, vestimenta del clásico mono azul, en las calles es normal la convivencia de carros tirados principalmente por burros o mulas, excrementos en las calles, orina, y humo de los automóviles. La respiración se hace difícil, cojo un pañuelo y me lo pongo en la nariz. Algunos transeúntes me saludan, les saludo quitándome el sombrero. Parecer un extranjero causa cierta sorpresa. Los escaparates de las tiendas, hacia tiempo ver por el centro de la ciudad contemplar los maniquíes de aquella época, no crean que han cambiado tanto. La ropa, más formal, no sé quién podrá comprarla. No observo en la población un bienestar social para poder comprar. Sigo mi camino hacia la plaza de la Merced. En mi familia, mi madre comentaba que mi bisabuelo vivía en un inmueble en calle La Victoria, casa señorial. Creo re...
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