La naturaleza, cual dama caprichosa, suele poner sus cartas sobre la mesa, desplegando su juego con maestría. Nos avisa, en su sabiduría ancestral, cuando más confiamos en los artilugios de la tecnología. He comentado desde hace tiempo con mi amada esposa, compañeros de trabajo y de deportes, qué acontecería si el vasto entramado de Internet sufriera un colapso. Todo aquello que hoy en día damos por hecho: electricidad, gas, agua. Nos sentamos a contemplar la caja mágica, cogemos el mando a distancia, tenemos una amplia carta para escoger, el móvil, pulsar una tecla o decir en voz alta a quién deseas llamar. Desgraciadamente, ha tenido que venir una gota fría (DANA), con cientos de víctimas, para comprobar cómo pueblos de la Comunidad Valenciana vuelven al siglo XIX de una forma que nadie podía prever. Familias rotas, fallecidos de una de las peores formas que pueda morir una persona. Es doloroso ver la búsqueda de sus seres queridos, conmueven las imágenes emitidas por los canales de ...
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