Bueno, señoras, cargada la pluma, me comentaba Adela, que su tía, hermana de su madre, cuando llega su sobrina, le dijo “Sube y te comentamos”. ¿Por qué cree usted que dio esta respuesta? ¿La sobrina quería saber el estado de gravedad de su madre?
Hombre, claro, qué pregunta más tonta. Esta conversación la escucha mi hermana, se llama Virtudes, nosotros la llamamos en familia Virtu. Nos contó esa escena, ella entra en el ascensor con esta familia, la hija no paraba de llorar, la pobre mía… Y el cuadro que ve, es el que le he comentado antes. Ella reconoció al marido, conocía a nuestra amiga menos que nosotras, pero la conocía.
No llego a entender qué grado de inconsciencia e irresponsabilidad contestar de esa forma a su sobrina. Su madre (hermana de ella, así debe estar escrito en el libro de familia) está grave. Lo normal es que la arrope con cariño, mostrarle su apoyo, solidaridad, en fin, en su conciencia estará, si es que la tiene o sabe lo que es o alguna vez quiso a su hermana.
Como decía el maestro del toreo Rafael El Gallo cuando le presentaron al filósofo Ortega y Gasset, al saber la profesión de nuestro filósofo, contestó “Hay gente pa’ to’”.
Bueno, señoras, ha sido un placer tomar café con ustedes.
¿Se marcha?
Sí, tengo un buen relato, muchísimas gracias y que sigan ustedes con sus charlas. De camino me darán un repaso, no estaré exento de sus conversaciones. — No, qué va, nos ha caído usted muy bien, algún repaso haremos. — Me alegro que así sea, es bueno que hablen de uno, aunque sea para ser en unos minutos su centro de conversación. Adiós.
Gracias por invitarnos, la próxima pagamos nosotros.
De acuerdo, lo dejamos para otra ocasión. Adiós.
Me dirijo hacia la puerta del restaurante, ha dejado de llover, me apetece caminar. Los relatos de estas señoras, sobre todo la tía y la sobrina, extraño comportamiento, en fin, hay que seguir caminando. El olor a pinos es intenso, el olor de la tierra mojada por la lluvia es un olor reconocible. Me dirijo al paseo que linda con el mar, majestuoso, colores según le dé la luz del sol. Las olas cada vez golpean con fuerza en las grandes piedras que sirven de freno a su acometida. Me gusta pasear cerca del mar, respiras libertad, marismo, una perfecta sincronía de la naturaleza con la música, las cuatro estaciones de Vivaldi, el Bolero de Ravel.
En la vida es importante estar atento, las cosas no ocurren por casualidad, hay una intencionalidad, a veces a capricho nuestro o de otros a capricho de los demás. Todos estamos inmersos en una red invisible que va ejerciendo en nosotros todo aquello bueno que sabemos hacer y todo aquello malo que sabemos hacer. ¿Inconsciente? No, no se engañen, hay intencionalidad, después vienen los resultados de uno o de otro, somos responsables de nuestros actos. No echemos la culpa a la casualidad, estaba nervioso, inquieto, superado, sin palabras. Podemos buscar tantas excusas como queramos, nos mentimos a nosotros mismos, con actos altruistas que solo buscan apagar la conciencia.
Me dirijo hacia el paseo marítimo, las olas han ido bajando su intensidad, la espuma caía como lágrimas en las rocas, erosionándolas con el devenir del tiempo. Pienso en lo que me ha comentado. La sobrina llorando con el corazón roto de dolor, sus lágrimas son la espuma que dejan las olas en la playa, cuando rompen con tanta violencia sobre las rocas, una y otra vez, tantas veces como quieran. Me pregunto: ¿Será así la conciencia? ¿La tía de esta joven, hermana de su madre, en algún momento de su vida se dará cuenta del daño causado a su sobrina?
Esas mismas lágrimas servirán para erosionar la conciencia de aquellas que han sido rocas inmisericordes ante el dolor y las lágrimas derramadas en esa roca llamada familia.
La vida ofrece la oportunidad de cambiar, hay quien no quiere, la conciencia la dejaron en el país de nunca jamás, o les interesa más su relato.
Las mentiras cabalgan al son de la noche, descabalgarn , al Sol de la mañana.