La pintura abstracta tiene una singularidad: cada persona que ve el cuadro compone en las figuras la cara de familiares, amigos, hermanos, conocidos. Si usted ve cuadros que retratan bodegones, paisajes, familias, rostros femeninos o masculinos, empecé a pintar en mi época de estudiante. Siempre retrato de la Alhambra, paisajes, caras de Cristos
En el último año que estuve en el Instituto ICET (Instituto Católico de Estudios Técnicos), en aquellos años los jesuitas eran los que llevaban la dirección del Centro y las clases. Sería sobre el año 1964. Era la primera vez que me sentía bien, alegre, confiado con los curas o padres, como había que llamarlos. En este Instituto les llamábamos hermano. Fue corta mi estancia con ellos. Alternaba los días: un día iba a clase y otro a trabajar con mi padre en el transporte. Las necesidades económicas en mi casa íbamos con lo puesto. Ser el mayor tenía este plus, ayudar a mis padres sí o sí.
Me encontré bien en este colegio. Me dejaban un poco a mi aire, sabían lo mal que lo pasé en los Salesianos de Granada. Confesarse tiene algunas ventajas. Así que mi asistencia a clase, salpicada con mis buenas notas, en mi vida escolar nunca había sacado sobresalientes. En religión patinaba, 5 raspado y gracias al sacerdote de religión. Mis dibujos en cualquier materia les gustaban. Explicaba la pregunta, dibujaba según la materia. Un ejemplo: si era de naturaleza, los frutos, manzanas, naranjas, etc., los dibujaba. Si era el cuerpo humano, igual. Esta forma de explicar con dibujos les gustó. La hora de confesarse era previa cita a las 12 de la mañana.
Quedé exento de ir, eran conscientes de mi situación familiar. No había regañinas, ni tirones de patillas, ni estar horas con los brazos en cruz con libros en cada mano. El diálogo, la comprensión, la humanidad que desprendían estos hermanos jesuitas que tuve en esta institución, siempre les estaré agradecido.
Explicado lo anterior, me cansé de pintar figurativo y desembocó en el abstracto. Ustedes dirán, ¿y todo lo que explica qué tiene que ver con el título del artículo? Si tiene interés, siga leyendo. Si no, es libre de hacer lo que quiera.
Los reencuentros son igual que los cuadros en abstracto. Si vienes de una larga estancia en un hospital de salud mental (por depresión), la deformación de las figuras será mayor. Cuando vas subiendo la cuesta, ves la llanura, la playa, el mar espléndido de color, su olor penetrante, pasar nuevamente por la Alameda en el coche de mi hija, volver a vivir, aceptar que comienza otra vida, caminar en este nuevo sendero que la vida me propone y que acepto el reto.
No será fácil, hay que saber que habrá momentos difíciles, lo sé. Los consejos de mi psiquiatra, mi psicóloga, medicación pautada para ir poco a poco bajando la dosis, mis hijas, mis nietas/os, mi hermano siempre a mi lado, el voluntariado, la música, escribir, volver a leer a Epicuro (filósofo griego), tenis. Toda esta vivencia diaria, mi agenda es el día a día. El mañana no depende de mí. La vida propone y el hombre dispone.
Ingresado en el hospital de salud mental, solo iban los familiares que querían verme. Siempre les agradeceré sus visitas. Abrigaba esa esperanza tan tenue como el pintor da la última brocha a su cuadro. Hay unos versos de una canción de Aute que dice:
“Y ahora no quedan muros. Ya no somos tan iguales. Tanto vendes, tanto vale. Reivindico el espejismo de intentar ser uno mismo. Ese viaje hacia la nada que consiste en la certeza de encontrar en tu mirada la belleza.”
Así es la belleza, vivir el día a día. Ese cuadro abstracto con figuras humanas que caminan sin rostro visible. Pongan ustedes rostros a estos dibujos, atrévanse. Seguro que tendrán personas a quien poner. Es la vida con sus luces y sus sombras. Si me lee alguna persona que ha pasado o está en depresión, me entenderá. Sabemos que no será fácil.
En la vida, el factor humano es el motor que genera nuestras decisiones. Es fácil. Usted dice que sí, le felicito, pero no se engañe. Usted está en un hospital de salud mental. No se desanime. Ya te entiendo, comprendo tu frustración. Confía en ti, en los médicos, psicólogos, enfermeras/os, personas de apoyo, sobre todo con aquellos compañeros que tengas sintonía. No te aísles. Camina. Mírate al espejo todos los días. Discute contigo. Encuéntrate con tu mejor versión. Ánimo, hay personas que te quieren, seguro. No lo dudes.
Un abrazo.
Continuará…