Esta mañana, camino a una ONG con la que colaboro, busco aparcamiento en una barriada que es bonita. No ha cambiado mucho desde que la conozco. Son casas mata (en esta ciudad les llamamos así), jardines, pájaros, vivir él momento dé tranquilidad, no, té encuentras a patinetes ni bicicletas qué invaden tú espacio.
El olor a azahar es uno de sus encantos. Personas mayores, la mayoría de sus inquilinos, es un entorno que apetece pasear. En mi camino observo a una pareja, hombre y mujer van de prisa, ella un poco más lenta, él ligero, con un paso deportivo. No se dirigen la palabra.
Cerca de un semáforo, la mujer se sitúa en un semáforo, él hombre sigue su marcha la mujer está esperando que el semáforo dé paso a los peatones, él hombre, cuando se da cuenta, mira y no está la sombra que le acompaña vocea : Mujer, mujer, la mujer le contesta: "Voy al campo de...". ¿Qué? Allí los dejé, visibilidad y conversación.
Cerca del centro va una pareja, mujer y hombre, jóvenes. Van de chándal gris claro, los dos igual, zapatillas de marca o aparentemente de marca. Las personas que viven en una zona cercana, barriada conflictiva, sueldos bajos, economía de supervivencia, economía B o negra, como prefieran. Su seña de identidad mayoritaria: van vestidos igual, chándal de cabeza a pies. Diferencia con los pijos es el color.
Los pijos, blanco inmaculado. Ya saben, virgen la quiere Dios. Otra es los zapatos. Mientras la clase obrera va con zapatillas deportivas de marca, los pijos van con chanclas de marca. Pero chanclas, ¿lo entienden? Una moda juvenil, solidaridad.
Sigamos con el paseo de la tarde. En algunos centros comerciales tienen como vigilantes de seguridad a personas de color negro. Resulta que, una vez pasado por el tránsito hostil, hambre, inmigración de balsas neumáticas, desprecio por algunos ciudadanos de este país, ahora son vigilantes de seguridad.
Los mismos que en su momento los despreciaban: policía, vigilantes, trabas burocráticas, ciudadanos sé sienten protegidos, curioso mundo : Ahora que tienen papeles, son gente honrada. Antes, no. Eran los sin papeles, miedo, violadores, ladrones, roba trabajos , que quieren que les diga hipocresía dé toda la vida.
La tarde, la humedad, el humo de las castañas asadas. La persona que las vende, en su mayoría, son mujeres, chicas jóvenes. Aprenden o han aprendido de sus mayores. Igual era esa niña pequeña que jugaba alrededor del puesto, la madre detrás de ella o la abuela con el biberón. Quién sabe.
Viejos trabajos para gente joven, una profesión que no se pierde, que les da de comer, no es tecnología dé ultima moda, lo manual, tengo esperanza qué sigan el ejemplo de sus padres, tíos, abuelos, abuelas : carpintería, barnizado, modistas, cocineras pintores de brocha gorda, ferrallista, alicatadores, ferrallista ....etc, etc.
Continuará........