José: ¿Has pasado buena noche, Jacqueline?
Jacqueline: Sí, gracias. Como verás, atendí tu llamada y acepté llegar más temprano. Son las 5 de la tarde, hora de mi té. ¿Quieres algo?
José: De momento, no, gracias.
Jacqueline: Camarero, tráigame un té solo. El agua mineral, utilice la de la botella de agua mineral. El limón aparte. El agua mineral que sobre me la trae con el té, gracias.
Camarero: De acuerdo, señor.
José: ¡Cuántos requisitos para un té! ¿Tú te lo vas a tomar, Jacki?
Jacqueline: Te he dicho que no quería nada.
José: Deberías tomar algo, estás más mayor que ayer. ¿Has echado en falta la crema antiarrugas?
Jacqueline: No, empecemos. Yo no utilizo… ¿a ti qué te importa? Vamos con la entrevista que la editorial quiere ver el borrador. ¿De acuerdo?
José: Sigues estando guapa a pesar de la edad y las arrugas. Por cierto, tienes unos ojos muy bonitos. Tuvo que ser…
Jacqueline: Gracias, empezamos a grabar.
José: Me comentaste por teléfono hablar de la felicidad. Habrá que preguntarse, ¿qué es la felicidad?
Jacqueline: No es el mismo concepto en las diferentes etapas de tu vida. No es igual de niño, joven, adulto, casado, viudo. Así que habrá que hablar de felicidad en función de los momentos de tu vida. Para definir la felicidad en mi estado actual, viudo con 72 años, en estos momentos la felicidad es estar en paz en mi interior, con una mente clara, asimilar sin titubeos lo que la vida pueda tener para mí. Tampoco la persigo. Te diré que mi agenda es el día a día. Según amanece, voy haciendo aquello que quiera hacer y espero en qué tablero la vida quiera jugar. Ella sabe el resultado, siempre juega con ventaja. Es así, no puede cambiarse, son sus normas, así que a jugar.
Jacqueline: Te haré una pregunta pero no me respondas hasta que termine de hacerla, ¿de acuerdo?
José: De acuerdo.
Jacqueline: ¿Por qué se olvidan tan pronto los momentos felices, sin embargo perduran en el tiempo los malos recuerdos?
José: En mi opinión, es que no hemos sabido gestionar aquellos momentos difíciles que a lo largo de una vida los recuerdas como si hubieran pasado ayer. No hemos sabido gestionarlos, o no hemos podido por circunstancias que a veces rodean tu vida, de forma que no haces lo que la razón te aconseja. Haces lo contrario para no dañar a tu familia, que a la larga sigue estando tan rota como estaba antes. Puedes encontrarte con posturas de personas cercanas que nunca pensarías que pudieran amenazar tu tranquilidad emocional, atentando a través tuya a tu familia. La indecencia se viste de gala en nombre del “honor” de la piratería periférica.
Jacqueline: ¿Es moral amenazar a una persona?
José: No.
Jacqueline: ¿Es moral amenazar a alguien con quien has compartido mesa y mantel?
José: No.
Jacqueline: ¿Es moral si pertenece al ámbito familiar?
José: No.
Jacqueline: ¿Es felicidad para la persona que sufre la amenaza no contárselo a su familia?
José: No.
José: Se engañan. Esa agresión verbal hay que compartirla con su familia, ponerla en conocimiento de la policía. Su salud mental se lo agradecerá. Las amenazas son hasta que dejan de serlo. Al final de este planteamiento, lo moral ha sido tapado con una intención de proteger a su familia. Llamémosle: Felicidad Transitoria.
José: Si proteger a su familia fue su prioridad inmediata, y la del amenazante, si hubiera denunciado a la policía esta amenaza, ¿qué hubieran pensado sus hijas, mis hijas? Hubiera sido un drama familiar con consecuencias, ¿no? No lo sé. En aquel momento pensé dejarlo estar por un bien familiar. Equivocado. ¿Mereció la pena? ¡NOOOOO!
José: Con el tiempo te das cuenta de que las amenazas no se olvidan ni se perdonan. Primero, porque el que ofende cree que ha hecho algo digno de escribir en la historia. Si fuera decente, hubiera pedido perdón. A partir de aquí no es fácil mantener unos lazos de “familia”. Para mí dejó de serlo. No merecía ningún trato, ni los o las que le acompañan, voceros siempre ahí. Es parte del género humano. Ser decente es un plus que hay que trabajarlo. Es uno de los mejores ejemplos para nuestros hijos o hijas.
José: Esta es una exposición, Jacki. Lo moral y la felicidad deberían ir de la mano. A veces, la vida tuerce esta situación. Debes elegir. Son paralelas, pero no coincidentes. Una es lo Moral y otra la Felicidad Transitoria. ¿Lo entiendes, Jacki?
Jacqueline: No había escuchado este planteamiento, pero lo que me cuentas, ¿es verdad o un desarrollo filosófico sobre lo moral? Entender, lo entiendo. Esta persona priorizó su familia en esta situación de amenaza con una felicidad transitoria, con un coste moral para él. ¿Es así su planteamiento filosófico?
José : Aciertas en la exposición, Jacki. Sí, es verdad el relato o no, lo dejo a tu experimentada vida de novelas biográficas o noveladas.......... Te confirmo que es real en una biografía y cercana.
José: Estas situaciones son más normales de lo que crees, Jacki. Se pretende que no salga del ámbito familiar, que otros miembros no tengan conocimiento de esta amenaza. Hay un dicho muy antiguo: “Los trapos sucios se lavan en casa”. Aunque, en bastantes ocasiones, salen de ese ámbito y hay personas que se jactan de que amenazar a otra persona es como una novela de la radio que se entere por las ondas, de su FELICIDAD. Y sigue en su mantra de descargar sus inseguridades contra los demás. Malos tiempos para la decencia.
José: La culpa de su inmoralidad es de los demás. Es más fácil culpar a los demás. Hacer examen de conciencia sería encontrar lo Moral, ¿querrá? No, su mantra es seguir con su estado tóxico, desacreditar a los que no comulgan con sus ruedas de molino. Su bienestar vive de los males ajenos, su moral en el monedero para calderilla.
José: Recuerdo mi época de niño. Seguro que algún lector le habrá pasado. En los colegios o institutos siempre había el matón. Te hacía cualquier trastada, te cogía por el cuello y te decía al oído: “Como te chives al maestro, te rajo”. Ya demostraba desde pequeño su facilidad para amenazar. Una persona que necesita amenazar para sentirse alguien en la vida es triste. Es lo que él entiende por Felicidad Transitoria. Lo Moral ni se lo plantea, desconoce qué representa., la educación a sus hijas habrá sido concesuado con respeto a los demás oh pertenecen al grupo " me siento cult cuando insulto" , manual dé la inmoralidad, no, es recomendable tenerlo cómo familia.
Un Toque de Humor
La Felicidad y la Moralidad en la Vida Moderna: “Intentar ser feliz sin ser moral es como intentar comer sin abrir la boca. ¡Simplemente no funciona!”
En resumen, la moralidad y la felicidad están intrínsecamente conectadas. Actuar de manera moral puede ser una fuente de felicidad duradera, aunque a veces implique sacrificios a corto plazo. ¿Qué piensas tú sobre esta relación?
José: Gracias, Jacki, por estas entrevistas y las otras. Lo dejamos de momento. Más adelante, quién sabe, igual te llamo. Ha sido una persona entrañable. Me he sentido a gusto y escuchado.
Jacqueline: De eso se trataba, que estuvieras abierto. Hablar de la depresión y los diferentes capítulos de tu vida. Te he cogido cariño como amiga. Te dejo a tu libre albedrío. El tiempo dirá. Cuídate.
José: Nos dimos un beso de despedida, nos deseamos suerte, ella en su editorial y yo a seguir caminando. Mañana, la vida dirá.